Sabías que...
Para los indígenas del Noroeste argentino,
el árbol generoso, el verdadero granero del
pobre era el TAKKU, que fue llevado a la
categoría de divino y considerada la más
preciada ofrenda de los dioses.
El follaje les daba su sombra. Su madera,
calor y abrigo. Su corteza brindaba colorantes
para los tejidos. Las hojas y la misma corteza
servían para curtir y también hallaban la
forma para que les curara el cuerpo.
Ellos lo llamaban, simplemente, EL ARBOL,
porque en estas palabras resumían todas las
virtudes de las que dependía su propia vida.
Los españoles, o más propiamente, los árabes,
por su gran parecido con el árbol carob, lo
rebautizaron carob. Luego, por transliteración,
llegó a denominarse ALGARROBO. |